Fotocrónicas (227)
Si hay un territorio querencioso de caminar para el buen andariego, ése es el Serradero. Y ello es, en buena medida, por su condición de terreno de suaves ondulaciones, jugosos pastizales y dilatados paisajes hacia cualquiera de los puntos cardinales. Sea cual fuere la época del año, extraño será que esta meseta alta y agradecida no satisfaga de sobra el anhelo del montañero.
Las Cumbres del Serradero se alargan desde las estribaciones del Moncalvillo (al Norte) hasta el Collado de la Mohosa, en el límite con la Sierra de Castejón (al Sur). Las aguas que caen sobre su largo lomo kárstico pueden verter hacia el Najerilla o hacia el Iregua. Las laderas orientales del Serradero acogen tres pueblos: Nestares, Torrecilla y Nieva. Otros tantos se cobijan en los barrancos más acusados que miran a occidente: Ledesma, Pedroso y Anguiano.
En la imagen contemplamos el Serradero, en el tramo que va desde el Cerro Plandero, a la derecha, hasta los Gamellones, escondidos entre las nieblas. A sus pies, Torrecilla en Cameros, tan estéticamente diseminado en las laderas soleadas en un día de Enero. La estampa resulta bucólica… si no fuera por esas nubes inquietantes que amenazan con frío y nieve. Esa nieve que pinta la tierra…
Texto y fotografía: Jesús M Escarza Somovilla
