“Albarracín, el pueblo rojo”

Fotocrónicas (217)

Pocas poblaciones ofrecen un grado de fascinación tan grande como este hermosísimo pueblo turolense, de sonoridades medievales en su mismo nombre, en las ásperas colinas que llenan su paisaje, en la dilatada muralla que festonea su línea del cielo, en su caserío que cae desgranado hacia la hoz del río Guadalaviar, manchando de rojos la atmósfera que lo envuelve.

Albarracín tiene origen celta, pero su historia adquiere relevancia con el dominio árabe, cuando allá por el siglo XI, el clan bereber de los al – Banu Razin (de ahí su nombre actual) establece su reino taifa en este lugar. Tiempos de dominio cambiante entre musulmanes y cristianos, que modelaron a fuego a su gente, su economía y su cultura.

En una tierra  de duras sierras, mesetas desoladas y abruptos tajos, llegar a Albarracín y contemplar su desmedida belleza de formas y colores, emociona. El uso generalizado de la roca arenisca roja, conocida como rodeno, concede una uniformidad balsámica y un aire de irrealidad mágica. Así, no es de extrañar que este pueblo esté considerado como Monumento Nacional desde 1961 y que actualmente se halle propuesto por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad.

Texto y fotografía: Jesús M Escarza Somovilla