“Hervás y el valle del Ambroz”

Fotocrónicas (234)

La Sierra de Béjar hace de límite natural entre Salamanca y Cáceres. Una de sus cumbres es el Pinajarro que, desde sus 2099 m. de altitud, tiene el honor de ver correr las primeras aguas del Ambroz entre piornos y canchales. Tierras abajo, entrega sus aguas al río Alagón, que es afluente a su vez del Tajo.

Este territorio ha sido desde siempre un paso crucial de gentes, ejércitos, comerciantes y ganado en un incesante trasiego entre la meseta castellana y las vegas del Tajo, Guadiana y Guadalquivir. Y desde la creación de la Mesta en 1237 por Alfonso X el Sabio, millones de ovejas se han alimentado con sus ricos pastos.   

El pueblo de Hervás surge por entonces, de la mano de monjes templarios que ayudaron al asentamiento de los primeros pobladores tras las conquistas de las tropas cristianas. Tiempo después, llegaron los judíos, familias de artesanos y prestamistas que abrieron sus talleres, dando así origen a su famosa judería.

Desde la iglesia hasta el río, un laberinto de calles y de plazas angostas y frescas se adaptan de manera sabia a la orografía del terreno. Canto rodado, adobe, madera y teja crean una arquitectura que es motivo de orgullo de los vecinos y de fascinación del forastero. Fachadas de revoques blancos, con sus galerías y balcones, entramados de maderas nobles de roble y castaño… Pasear por la judería de Hervás es retroceder de golpe al medioevo, es una lección de historia del rico multiculturalismo de España.    

             Texto y fotografía: Jesús M Escarza Somovilla