“La mar velaba en calma”

Fotocrónicas (238)

El andariego llega a San Vicente de la Barquera con el cuerpo un tanto desmadejado y el espíritu mohíno. Quizás sea debido a las brumas que inundan la bahía, ese ambiente un tanto incierto y misterioso que hace imaginar la realidad. Una suerte de fascinación que bruñe los sentidos y las emociones. Y quizás por ello, la mirada se le queda cautiva de tantas y tantas cosas como esta hermosa villa marinera del occidente cántabro ofrece al que la visita.

El río Escudo llega aquí formando la marisma de Rubín, mientras que el río Gandarilla crea la marisma de Pombo. Y ambos dos han forjado con el transcurrir del tiempo la magnífica bahía de San Vicente.

Ese día, la brisa del mar apenas movía la bruma y la mar velaba en calma, con sus aguas quietas como plata líquida. Las barcas, las viejas barquichuelas de faena corta, esperaban el momento de echarse a la mar. 

             Texto y fotografía: Jesús M Escarza Somovilla