“Otoño en Bujaruelo”

Fotocrónicas (243)

Quizás por eso mismo, porque el verano ha sido largo y extenuante, se entiende mejor que la llegada de las primeras lluvias otoñales se reciba con un alivio enorme, con una emoción que raya en la exaltación.

La tierra sabe sufrir y aguantar hasta lo inimaginable. Y cuando al fin llega la bendición del agua, sabe agradecerlo sin cicatería, con verdadera esplendidez. Parece cosa de brujería cómo en cuestión de horas el suelo más seco, duro, casi muerto, revive y adquiere una textura mullida y brotes de infinidad de hierbas y de plantas se abren de nuevo a la vida con una pujanza irrefrenable. Vuelve la vida poco antes de la llegada de los fríos invernales.

Estamos en el valle de Bujaruelo, más en concreto en uno de sus afluentes mayores, el de Otal, tributario del río Ara. El valle de Otal, perfecto ejemplo de tipología glaciar en forma de u, arranca en el circo del mismo nombre, bajo la sierra de Tendeñera. En su seno se alojan cumbres como Peña Roja (2578 m.), Peña Sabocos (2757 m.), Punta de la Ripera (2823 m.) y la propia Peña Tendeñera (2853 m.). Las aguas del río Otal vierten en el Ara, que a su vez, las entrega al hermano mayor, el Cinca, junto a la hermosa población oscense de Aínsa. En la cabecera del valle, las brumas y las nieblas invaden el paisaje, la humedad satura la tierra, y los amarillos, ocres, naranjas y rojos van pintando el paisaje. 

Texto y fotografía: Jesús M Escarza Somovilla